jueves, 10 de marzo de 2016

Noe Vera







Un tejido apretado

A un grado las nubes
se acomodan en capas, hace calor
es una térmica interna, casi un bumerang 
surgido de la conversación como cuando de día 
para sentir más fuerte nos asfixiamos;
en el trecking nos damos cuenta de que la pareja
de ancianos que nos precede tiene un plan
calcado al nuestro, somos ellos
sobre veredas manchadas de hojas lilas, ocre, bordeaux 
aunque todavía no nos una la necesidad
de parar a descansar o tener las manos cruzadas
sobre la espalda: no afuera no esta tarde.
Las cantidades, lo que los demás, las baldosas 
de las que nos retiramos y hacia donde no llegamos
son las hojas que caen, es el show
de los árboles hay gajos, brotes, un tema ramifica, ondula
se extiende sobre otro
hace el paisaje invertido
subterráneo que nutre un boulevard;
los ojos de los dos frenan en un tronco,
conejos en un invernadero, las hojas en el piso 
nos parecen de muérdago.
Permiso para que las vidas anteriores
queden afuera, de las puertas para el hall 
donde tomamos té en la prometida
con recibidor, sillas de exterior 
donde sentarse a mirar el suelo
fumar ahumado, multiplicar este segmento.

**
Ahora todo lo que hago 
en mi cocina transcurre
mientras me miran de ojo a ojo
de banquina a ventana
me vigilan, me siento
insegura de salir a regar
de causar la muerte
de los huevos, de ser víctima
del instinto hacen guardia
frente a mí los futuros padres 
veinticuatro horas, me ven
rasquetear la mesada
usar guantes para lavar
poner música de primavera
ellos pusieron los huevos y ahora
con atención considerable
en este trenzado reciente que nos une 
hay desconfianza mutua
eligieron entre todas las que había
mi maceta de cactus
las palomas para anidar.






Automotivos

por momentos todo complota
el día en que a la noche habría luna de sangre, subimos
apurados engalanados transpirados 
a la ópera en el cuarto piso Tertulia 
una tragedia en la que los amantes al final
mueren castigados en la España de Felipe
por atrevidos o enamorados, da igual,
una tragedia que en el revés de lo explícito termina bien
el doble sacrificio los une hacia lo eterno
en el jardín de las delicias
el día en que a la noche habría luna oxidada
*fui a buscar la bici,
-me dijo por teléfono-
es la bici de mark ryden
es la bici que fue olvidada
en un sueño oscuro, escabroso
creepy total* y era verdad
es bajita alucinante de ruedas
nuevas que relucen y RAT style
algo así como Orgullo Chatarra
vanidosa de su herrumbre, se le notan
los 80, el asiento es de un azul que no volvió
y desliza como toda experiencia irresistible
delicioso, te lleva
tiene un farol que aun no anda
pero ya va a iluminar
y en la rueda un dínamo plateado transforma 
el pedaleo en energía para prender
al unísono durante el viaje
los dos focos que asocia
me acuerdo ahora que mis hijos
no aprenden, no hay caso
a decir *prender la luz*
dicen *aprendela, tengo miedo*
y no corrijo, en el camino de la noche
todo es perfectible, posible
de ser visto si aprendemos de una luz.






Toca Toca

Cumple años , cada vez cree más
la suerte es loca, como la fe desborda
de imágenes obscenas, lo ve en la tele
un niño sufre espasmos de amor frente al papa
es un finito de segundos verdadero
La pasión asciende, empobrecer no existe 
y la experiencia es solo un dato interior
que vuelve, como él, como emigrado
 a su país y lo descubre
quiso PPP fortuna en el intelecto 
y algunas otras cosas que no supo
pero obtuvo, fue feliz
una rabia negra 
de poesía en el pecho.






Noe Vera nació en Buenos Aires en 1980. Publicó Discontínuos (Editorial La propia cartonera, Montevideo, Uruguay), la plaqueta Nosotros quiere decir un montón de cosas (Color Pastel), el e-pub Cuatro Paredes por Ed. Determinado Rumor. Colecho, por Ediciones El ojo del  Mármol y Captcha de la bahiense Proyecto Vox. Forma parte del colectivo Máquina de Lavar.

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